Volver, pero no con la frente marchita. Volver con todo, con el pecho hinchado y el orgullo intacto a hacer las cosas que nos hacían felices, en los tiempos felices. Volver a elegir sentarse a tocarte el piano en lugar de mirarnos en el televisor. Volver a levantarse de madrugada y volver a leer los libros que todavía no escribimos sobre los cuadros para los que ni siquiera compramos los óleos. Pequeños giros para grandes regresos. Tal vez de eso se trate.
Me mataría, no es mala idea. El mundo seguiría girando, como hasta ahora. Pasaría a ser un número más en las estadísticas y entraría en la categoría de lo que pudo haber sido. No me mataría, no es mala idea. El mundo seguiría girando, como hasta ahora. Pero podría hacer mil cosas para hacer del mundo un lugar un poco más agradable, un lugar donde tengas ganas de quedarte, un lugar un poco menos peor. Voy a seguir pensándolo un poco más antes de tomar una decisión. Keep in touch.
Conocí a la chica que cuidaba las vocales la primavera del noventa y seis. Nos cruzamos en una fiesta y la confundí con una vieja desconocida. "Vos no sos Sol, no?", le dije. Ella me contestó "Hablás demasiado con las O. ¿No serás León Gieco?". Nos quedamos conversando y me contó que calificaba a las personas según las vocales que usaban con más frecuencia. "Los que usan mucho las E son super egoístas. Las minas que usan la A, fingen el orgasmo, las que...". Después me contó sobre lo mal que la pasó en los países nórdicos, donde la gente tiene nombres como Ajredqz. Y tantas cosas más...
Ah, los libros. Los buenos y los malos. Los primeros, como una sala de embarque donde tenés que quedarte hasta que lo termines y salga tu avión hacia el próximo destino literario. También están los malos libros, de los cuales queremos enamorarnos y los empezamos tantas veces que vivimos un deja vu circular, un constante "esto ya lo conozco, yo estuve aquí hace poco". Y después los libros malos a los que no les damos demasiadas oportunidades y sabemos que lo nuestro será imposible. Libros, amigos. Casi como personas.
Algo había salido mal y estábamos a la deriva. Esperábamos noticias desde la zona oscura para poder saber cuál era el rumbo a seguir, pero sólo obteníamos más incertidumbre. La gente empezaba a impacientarse cuando llegó la lluvia, después de que las nubes negras llenaran la tarde de noche. Entonces sucedió lo inesperado, lo que no queríamos que pasara. Y las personas empezaron a saltar de la nave y el agua empezó a entrar en la nave. Entonces supimos que todo iba a salir al revés desde ese momento.
Los comienzos tienen una fecha determinada. Sabemos cuándo comenzamos a trabajar en un lugar o cuándo vimos por primera vez a esa persona que después iba a rompernos el corazón o llenar nuestra vida de felicidad. Los comienzos tienen una fecha determinada pero, ¿cuándo empiezan los finales? ¿cuándo empezaron a separarse The Beatles? ¿cuándo empezó a sentir que ya no te quería más ¿cuándo empieza el final de una película? Finales, los finales para comenzar un mes, que termina demasiado pronto.
Desde que sale de su casa hasta que llega al trabajo, se cruza con una persona con el ceño fruncido. Y después otra. Y después otra. Y después otra. Y después otra. Y después otra. Y después otra. Y después otra. Y después otra. Y después otra. Y después otra. Y después otra. Y después otra. Y después otra.Y después se cruza con una persona sonriente. Entonces descubre lo fácil que es identificar a los que durmieron con el aire acondicionado encendido.
Eran las cuatro de la madrugada, de una madrugada cualquiera. La casa estaba particularmente silenciosa hasta que sonó el teléfono. Me desperté al primer ring, al segundo tropecé con la mesa ratona y al tercero contesté. Del otro lado, una voz de mujer dijo "Te quiero" y colgó. No pude dormir más. La madrugada siguiente, lo mismo. Sólo que la voz dijo "Te extraño" antes de colgar. Y así pasaron los días de mensajes seductores y anónimos y noches incompletas. Hoy pude dormir de corrido después de un mes. Después de todo, para algo tengo contestador.
Roberto llegó hasta el borde y miró hacia abajo y después hacia adelante, como buscando respuestas en el horizonte. Sabía que saltar iba a cambiar demasiado las cosas. No sólo sus cosas, sino la de los demás. Era consciente de todo eso. Volvió a mirar abajo. Había gente que era feliz. Había gente que estaba preocupada en sus cosas pero nadie miraba hacia donde estaba Roberto. Entonces tomó la decisión, sin pensarla. Como un aire que lo atravesó y le dijo "Es el momento". Sin tomar impulso, Roberto saltó. En el aire tomó sus rodillas contra el pecho con una mano y con la otra se tapó la nariz. El agua saltó por todos lados y una nena, aplaudió a Roberto. Hacía mucho que nadie se tiraba de bomba desde el trampolín más alto.
Cuando tenés problemas, tenés que rodearte de gente de confianza que pueda aconsejarte (aconsejarte no es decirte lo que querés escuchar, ojo) y después evaluar y analizar lo que te dicen. Cuando tenés problemas, tenés que hacer actividad física para agotar el cuerpo y la mente, para pensar con más tranquilidad o no pensar nada. Cuando tenés problemas, tenés que escribir un post sencillo, corto, que empiece diciendo "Cuando tenés problemas..."
Así como algunos necesitan de clarividentes, otros de horóscopo chino o borra del café, otros del i-ching y otros de la espuma del mate (estamos en tiempos donde creer es algo cada vez más difícil), el buscaba información sobre su futuro en los taxistas porteños. Cuando tenía una duda que lo aquejaba (cambiar de trabajo, avanzar en una relación que estaba un poco estancada o tomarse vacaciones en la playa o en la montaña) subía a un taxi, y después de los comentarios iniciales ("que-lindo-día-que-calor-que-hace-adonde-aprendió-a-manejar-el-colectivero-ese") soltaba su pregunta: "¿Usted cree que debo casarme con Martita?". Las respuestas, pocas veces fallaron.
Son raros los textos. Cuando parece que los tenés, algo se cruza y el texto ya no está más. Está, físicamente. Ves las palabras sobre la pantalla (o sobre el cuaderno o donde sea que estés escribiendo) pero ordenadas de la manera en la que están ordenadas, te parece que no tiene sentido lo que acabás de escribir. Así falte un punto para terminar, es como cuando se nos desinfla el bizcochuelo: Hay que tirarlo. Espero que tengan un fin de semana inflado como un bizcochuelo y que todos los puntos estén sobre las íes.
Se sienta en su puesto de trabajo en la cabina de peaje. Y comienza: Auto, plata, ticket, barrera. Auto, plata, ticket, barrera. Auto, plata, ticket, barrera. Auto, plata, ticket, barrera. Auto, plata, ticket, barrera. Auto, plata, ticket, barrera. Auto, plata, ticket, barrera. Auto, plata, ticket, barrera. Auto, plata, ticket, barrera. Auto, plata, ticket, barrera. Auto, plata, ticket, barrera. Auto, plata, ticket, barrera. Auto, plata, ticket, barrera. Auto, plata, vuelto, ticket, barrera. A veces, con poco, su trabajo se convertía en una aventura.
Lo malo de la angustia es que te envuelve. No toca lo que está a nuestro alrededor, porque se transforma EN nuestro alrededor. Entonces, mires adonde mires, vas a verlo todo cubierto por ese color angustia, que debe ser algo muy parecido al marrón. Ay, la angustia como un velo o como una nube o como un casco, y cómo hacer para alejarla, para espantarla, para sacarla de nuestros presentes. Y el secreto, amigos, consiste en soplar. Soplar bien fuerte, a veces solo, a veces con una pequeña ayudita de tus amigos, pero soplar. Y nunca quedarse quieto.
Lo miró en el bar del lobby, mientras él tomaba un Manhattan en la puerta (ay, esas leyes que prohiben fumar en lugares cerrados, sólo hicieron que las escenas cliché sean más ridículas todavía) y ella se sentaba a la barra frente a un trago de colores extraños. Él terminó de fumar y volvió al bar. Ella lo miró a los ojos y fue hasta el ascensor. Él la siguió. Cuando ella llegó a su piso, el ascensor se detuvo, las puertas se abrieron y ella le dijo "Ey babe, take a walk on the wild side". Entonces él entendió el por qué su cara le había resultado familiar. Y por qué su primo nunca le había contado de qué trabajaba.
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