miércoles

Llegamos a la playa con el fin del verano y con la falsa idea de que los problemas quedarían definitivamente atrás, sin saber que lo que vendría iba a ser aún peor. Aquel verano fue nuestro Altamont personal. Aquel verano fue también el de esperar que las cosas sucedan mientras el ventilador giraba sobre nuestras cabezas. Fueron varios los días sin dormir y sin tener lugar donde hacerlo. Fuimos homeless por un rato y después no volvimos a vernos más, quién sabe hasta cuando.

martes

Despertar un día normal y desayunarse con un termotanque que acaba de firmar su certificado de defunción. Esperar dos llamados de diferentes personas que se niegan a llamar y tener que esperar a la fuerza para llamarlas. Dormir seis horas por día y que la cabeza no se detenga ni por un instante. Tener el fin de semana de agenda completo, en casa y fuera de ella. Hay semanas que en su afan de importancia, no reparan en gastos.

lunes

Voy a la playa con el mal de amores.
Anestesio esos dolores comprando amplificadores.

viernes

Todavía estábamos en el colegio secundario cuando fue elegida como “Miss Camiseta Mojada” y se ganó la popularidad entre los estudiantes. Parecía que su ese día estaba eligiendo el camino que la iba a marcar el resto de sus días y le perdí el rastro cuando yo tomé la ruta hacia Eldorado. Hace algunas noches prendí el televisor y ahí estaba, saliendo del Congreso, defendiendo una causa que yo creía olvidada, comprobando que la adolescencia es una suerte de explosión que lanza esquirlas para los costados. Algunas, a veces, llegan a buen puerto.

jueves

Empecé a estudiar, muchas veces, lleno de entusiasmo. Y averiguaba horarios, iba cientos de veces a la facultad antes de comenzar las clases, compraba cuadernos y lapiceras y todos los libros que me pedían, y más temprano que tarde, me hastiaba y dejaba todo sin decir agua va. Entonces, juntaba otro fracaso académico para sumar a mi currículum. Esta vez es diferente. Esta vez no tengo ganas, no tengo idea de los horarios ni pienso comprar un cuaderno nuevo. Por eso creo que esta vez, será la definitiva.

miércoles

La velocidad de las cosas en medio de las sierras es casi nula. A veces, todo parece demostrar que las cosas están detenidas y el aterrizaje, forzoso, es un golpe fuerte para cualquiera que está acostumbrado al ritmo de la ciudad. Y al volver (ay, las vueltas, tal vez el tema central de esta semana), el cuerpo acusa recibo y los dolores que no nos acompañaron y creíamos olvidados, vuelven a por nosotros, a perseguirnos, a aquejarnos, a decirnos que ahí están para seguirnos a cualquier ciudad que vayamos, aunque algunos no se atrevan a bajar su velocidad crucero.

martes

Volver a casa después de quince días es hacer que la rueda vuelva a girar, que los lugares parezcan más grandes o más pequeños, que todo esté cerca, que todo esté esperándonos para ese momento en el cual cruzamos la puerta de entrada, dejamos el bolso e inspiramos con profundidad los olores olvidados. Porque cada casa tiene su aroma, cada casa tiene su rincón especial, y eso es lo que hace que la podamos llamar HOGAR, sin sonrojarnos. Y aunque es cierto que llevamos nuestra casa allí donde vayamos, no hay otro como nuestro sillón y, muchas veces, nuestra heladera.

lunes

Pasó de moda el Golfo, como todo, ¿viste vos?

Crédito foto

viernes

Los orientales cocinan el arroz de una manera muy diferente a los occidentales. Y a contramano de la paciencia oriental, lo hacen más rápido que los occidentales. Lo que no va contra las reglas es que lo hacen más liviano y menos cremoso. Entonces es tan fácil diferenciar un plato de arroz oriental de uno occidental, así como lo es diferenciar un plato lleno de orientales que uno lleno de occidentales. Lo esencial es mirarlos a los ojos, o a los granos.

jueves

Encontrarse con Leo es hablar de instrumentos y de músicos y de canciones. Encontrarse con Leo es hablar de todas aquellas cosas que nos renegamos a perder aunque cada vez estén más lejos, aunque cada vez sean más nuestros Rosebuds. Y como nos negamos a perderlo definitivamente es que seguimos paseando por Talcahuano, pero ya no para comprar, sino para quedarnos en detenidos en las vidrieras con guitarras que valen casi como un auto o un traje de Cavalli. Entonces nos vemos reflejados sobre el vidrio y si hacemos fuerza, podemos llegar a ver el adolescente que ya no fuimos. Eso sólo cuestión de hacer el intento.

miércoles

Ayer estuve caminando por el Zoo. Mediodía soleado de otoño, con poca gente, cantando "Just a perfect day, feed animals in the zoo" sin estar de caballo pero disfrutando de una hora perfecta. Los animales ya parecen adiestrados para recibir a los visitantes, aunque el mono estrella tenga una jaula un poco lejos de los principales reflectores. Las vedettes del lugar deberían ser los felinos, pero yo preferí dejarlos pasar para quedarme con los suricatas, tomando algo. Y debo confesar que no éramos pocos.

martes

Los noticieros son un cocoliche casi insoportable. Entiendo que nos mantengan al tanto sobre la salud del ídolo, que estén pendientes de las reuniones del campo y cosas por el estilo, pero: ¿dónde está la noticia en el clima? A menos que suceda algo improbable, algo inaudito, el clima no debería ser noticia. Tan solo un dato más, como el color de medias de la conductora del noticiero. Así, las cosas serían un poco más divertidas y junto al panorama bursatil, vendría la noticia de "y la conductora tiene medias Cocot". Pensándolo bien, eso ya sucede. Creo que voy a tener que dejar de mirar televisión. O que deje de importarme.

Mujer que no tendré, que nunca sufrirás mis malos ratos.


p.s. volvieron los comments.

viernes

“No me acordaba de los Redondos”, dijo él después de una larga conversación que había comenzado sin rumbo fijo. Había dejado el país a principios de los noventa y había procurado no recibir noticias más que familiares desde su país de origen. Detestaba esas personas que vivían en cualquier lugar, añorando pequeñas tonterías burguesas, reuniéndose con compatriotas y mirando fútbol por televisión. Él había decidido empezar una nueva vida, mimetizándose con los lugareños, adoptando su acento y sus maneras de hablar y al poco tiempo lo había logrado. Y entre todas esas cosas que había olvidado, no se acordaba de Los Redondos.

jueves

Cuando llegó, la casa adquirió otro color. Eduardo Acevedo quinientos treinta, en Caballito, pero sólo por un rato. Después fue el departamento de Río de Janeiro, después Neuquén y después todo lo demás. Yo no tenía más de cinco años y sabía que una luz la iba a rodear siempre. Y siempre vivió a la sombra de su propio brillo, pero sabiendo que el día que lo desee, podrá descorrer su velo mágico para hacer que el mundo conozca sus encantos. Tan sólo espero que ese día llegue pronto.

miércoles

Afuera el silencio sólo se ve empañado por el cantar de los grillos y de algún pájaro trasnochador. Misteriosamente o no, la ausencia de sapos es notoria. Ella se pone crema en las piernas y cuando se acuerda, me tira un beso que va a parar justo en mi mejilla para rebotar y terminar justo sobre mis labios. Me pregunta algo sobre la ropa, amaga con pararse y se queda mirándome por un rato, mientras yo hago como que no la veo. Y el amor lo inundaba todo aquella noche.

martes

Maggie tiene un waltz que escucha cada noche, antes de acostarse. Como si fuera un mantra de actividades, al llegar a su casa cada noche prende un cigarrillo, se sirve una copa y pone la canción que su padre le compuso. Después toma una pastilla para conciliar el sueño, se acuesta y empieza a soñar antes de quedarse dormida. Y así cada noche y así cada día que pasa, escuchar esa canción es llegar definitivamente a casa. Y Maggie se despierta cada mañana, iluminada.

lunes

Cantando eu mando a tristeza embora

foto vista acá

viernes

Decía alguien por ahí que los sesenta, sólo fueron tres años. Seguramente comenzaron en el sesenta y seis y terminaron en el sesenta y nueve, con aquello de Altamont. Aquí llegó quince años después y tuvimos nuestra primavera rocker a comienzos de la primavera alfonsinista y terminó tres o cuatro años después. Y después no se inventó demasiado y todo sonaba a remanido. Todo sonaba a algo que habíamos escuchado antes. Pasaron ya demasiados años desde que alguna banda nueva hiciera estallar las radios y, citando al mismo que dijo la frase que abría este texto, tal vez sea hora de que las bandas rajen del cielo, ¿no?.

jueves

Como siempre, el asunto es saber retirarse a tiempo (“Hay que saber bajarse en la penúltima estación”, decía Ariel Rot hace unos años). En el casino y en la vida, es preferible irse con algo que esperar ese golpe de suerte que siempre está por llegar pero que nunca llega. American Gangster es, entre otras cosas, un gran ejemplo de todo esto. El último cargamento es el que estuvo de más. El último cargamento hizo que todo lo que el tipo hizo antes, se fuera por la borda. Apostar a todo o nada es la esperanza de los desesperados, y ya sabemos cómo termina el cuento.

miércoles

A Miguel le cuesta alejarse de los horarios, de tener siempre un horario para cada cosa, entonces no puede terminar de disfrutar del desayuno porque ya está pensando en la congestión que le espera para llegar a su oficina. Y tampoco puede disfrutar de la música que escucha en su auto, camino al trabajo, porque está pensando en los problemas que encontrará al llegar, y así con todo. Lo malo, lo peor, es que le ocurre lo mismo en vacaciones, y no se permite siestas hasta después de las cuatro ni se permite extender su estadía junto al mar, por la tarde, porque entonces se le hará tarde para la cena. Tal vez, a Miguel, lo que le hace realmente falta es quedarse sin tiempo.

martes

El fuego, como las relaciones humanas, exige cuidado especial que comienza desde el momento en el cual se disponen los elementos. Bollos de papel, ramas, piñas (no de ananá, sino el fruto del pino) si se puede. Todo debe estar acomodado de manera tal que el oxígeno produzca la combustión y las llamas ardan. En el momento en el cual arden las llamas, las amistades están en su estado de gracia y dos se sienten uno. El resto consiste en mantener la llama viva, en soplar cuando haga falta, en admirar desde afuera cuando así lo requiera el proceso. Después vendrá el momento de las brasas y de la carne al asador pero eso, ya es parte del futuro.