Tardes

Las tardes en silencio, cuando todos duermen y nos quedamos escuchando el disco que te regalaron cuando te escapaste del instituto, compartiendo los auriculares y fumando al lado de la ventana, para que el olor no quedara impregnado en la casa, son las que más me gustan. Pero claro, vos ya no fumás y mis tardes lo son todo, menos silenciosas.

Rivalidades

¿Ganarle al rival o ganarse a uno mismo? A veces, nosotros somos nuestros rivales más aguerridos, los más difíciles, los que conocen nuestros puntos débiles y saben donde pegar para que duela. A veces el rival de turno no está a la altura de las circunstancias y las victorias nos dejan un sabor agridulce que sólo nos quitaremos con otra victoria. O con una derrota que nos haga morder el polvo.

Paso lento

Miró el colectivo lleno y decidió dejarlo pasar. La gente amontonada tenía la mirada perdida en los autos que viajaban casi vacíos y los que viajaban en los autos semivacíos miraban con cansancio el tráfico que se amontonaba frente al puente nuevo. Ni los primeros ni los últimos parecía contento de estar en el lugar que les había tocado. Entonces él sonrió, y apuró su paso.

La luz que sabe brillar

Nos damos cuenta de la importancia de las cosas, cuando las perdemos. Pasa en las pequeñas cosas y en las grandes. La luz eléctrica es uno de esos placeres urbanos de los que disfrutamos sin darle importancia hasta que lo perdemos. Entonces revolvemos viejas cosas analógicas mientras la luz del sol nos lo permite. Y miramos los artefactos con melancolía, contando los minutos que pasamos lejos de ellos.

Ritual

Su vida se regía por pequeños rituales. Patrones de comportamiento que le aseguraban un mínimo de felicidad cotidiana asegurada. El de los fines de semana era el más barrial e incluía visita a las fábrica de pastas, al puesto de diarios y a la panadería. El de los sábados, un paseo por las tiendas de discos, la florería y almorzar afuera. En la semana, las excursiones eran a lugares más alejados de los cuales pocas veces, volvía con vida.

Descanso

Macroclima

La despertó un policía golpeándole la ventanilla del auto. Era de noche y no se había dado cuenta. Peter Tosh seguía sonando desde el stereo y el olor a cigarrillo que salía del auto era más parecido al que puede olerse en un cabaret que al que se acostumbra a encontrar en un auto. Ella se desperezó y bajó la ventanilla. El policía la saludó y ella lo miró por sobre los hombros. Parecía no prestar atención a lo que el uniformado decía, pero lo escuchaba como quien oye llover. Aunque afuera, ya no llovía.

Microclima

Llueve como si no fuese a parar de llover por los próximos tres o cuatro días, cuando se sube al auto y piensa cómo escaparle a tanta lluvia. Porque no se trata de agua. Se trata de problemas, de contratiempos, de impuntualidades, de música que la hace llorar, de un pelo que no puede controlarse y de un tránsito que la enloquece. Entonces pone un poco de reggae, enciende un cigarrillo y cierra los ojos. Y por un momento, es verano.

Autopista

¿Qué será de la vida de la chica del Dauphine? ¿y de las monjas del 2HP? Con el matrimonio del Peugeot 203 estuve cenando hace unas semanas y mantenían su felicidad avícola. Ahora eran abuelos y estaban pensando en tomarse unas vacaciones en la costa, pero viajando en avión. Me contaron que uno de los integrantes de la pareja del 404 había fallecido antes del fin del milenio, pero no estaban seguros de cuál de los dos. Pero nunca más supieron de la chica del Dauphine.

Vuelvo al sur

Y un día, casi sin avisar, Primo Juan volvió a la ciudad. Nos reencontramos en el cumpleaños de nuestra abuela en común, el último sábado, como si nos hubiéramos visto la semana anterior. Más flaco que cuando se fue (algunas fuentes dicen que bajó entre 15 y 17 kilos), con muchas anécdotas (muchas no se pueden contar y otras no se pueden recordar) y la promesa de volvernos a ver más temprano que tarde.

Radio Paulista

Los que acostumbramos a hacer zapping radial, solemos encontrarnos con pastores evangélicos hablando en portuñol y solucionando supuestos problemas que van desde el desempleo hasta una enfermedad terminal en un niño. Llegar a Brasil era una tentación para ver si habíamos importado esta práctica o buscar el origen de esta programación. Y no sólo no copan las radios paulistas durante las noches, sino que ni siquiera hay pastores argentinos siendo parte de la programación. Injusticias radiales, como aquella.

Noites de hotel

Hoteles, frigobares, salas VIP, aeropuertos internacionales. Aviones que despegan y personas que aterrizan. Reencuentros y desencuentros entre valijas que se pierden en laberintos de mangas y carros esponsoreados por empresas de telefonía. Duty Free y los vicios permitidos en oferta. Teléfonos para conectarse y televisores para desconectarse mientras el ruido de la ventilación tiñe todo de un tinte muzak. Y tu nombre rebotando en las paredes de mi habitación vacía.

Encuentros alejados

Encontrarse con una persona que hace meses que no ves, a miles de kilómetros de ese lugar donde lo encontraste por última vez, hace que la frase "el mundo es un pañuelo" se sienta mucho más viva. Porque una vez que atravesás la sorpresa del encuentro y los motivos del viaje, la conversación toma rumbos inesperados y se hace mucho más personal que la que hubieras tenido cerca de tu casa. Entonces pensás que, en realidad, el mundo no es más que una casa de muchos cuartos.

Ele e carioca. Eu so paulista.

El tamaño, a veces importa. Para hacernos sentir pequeños, para demostrarnos que no somos el centro del universo y que en una ciudad además de cemento hay gente. Mucha gente. Que vive y mantiene viva una ciudad que realmente nunca duerme, porque podés encontrarte con una obra en construcción funcionando como si fuera a plena luz del día, a las once de la noche. Una ciudad donde encontrás tiburón, en la carta de un restaurante. Y donde te sentís un playmobil
en cualquier esquina.

Equipaje

Últimando los detalles finales antes de volver a subir a un avión. El equipaje descansa sobre la cama, los saludos quedaron sobre el sillón y ya estoy temiéndole al insomnio que antecede cada una de las expediciones aéreas. La selección musical y literia, indispensable para estos menesteres, también está esperando por ser leída y escuchada. Será cuestión de esperar a que nos llamen por los altoparlantes.


Falta

A algunos les falta el tiempo para hacer lo que quieren. A otros les falta una persona con la cual compartir una puesta del sol. Están aquellos, a los cuales les falta un poquito de amor para dar. O esos otros, que creen que les falta lo que les sobra. Y por último están esas personas a las cuales les falta darse cuenta de que lo mejor está pasando ahora mismo mientras ellos se quedan recordando lo que pasó o planeando lo que va a pasar.

Rain

Llovía a mares y el único refugio posible era un toldo desvencijado sobre una calle lateral a la avenida principal que no conducía a ninguna parte. Miró el reloj, empañado por el agua, y supo que no llegaría a horario a cenar. Buscó en los bolsillos su teléfono celular cuando recordó que lo había dejado sobre la mesa de luz. Las luces de los autos llegaban difusas a través de las gotas de lluvia y entonces descubrió que apurarse sería en vano, porque nadie lo esperaba.

Like a gentleman

Viendo programas de televisión sobre grupos que ya no existen, uno puede darse cuenta de lo rápido que dejamos de ser jóvenes y cómo nos cambió la vida. El cantante decía algo así como "Lo máximo hubiera sido ser jugador de fútbol y lo mínimo ser profesor en la universidad. Y terminé cantando en una banda de rock". Porque como dijo el músico inglés, amigos, la vida es eso que ocurre entre disco y disco.

Textos (re)encontrados

En Canciones Tristes el reloj marca las doce y desde uno o dos pisos más arriba, una pareja discute con el tono que utilizan las parejas que no tienen mucho futuro pero que les sobra pasado. Un locutor, entrado en años, acerca el micrófono a su boca y señala que una nueva hora está comenzando, mientras el termómetro no llega a los quince grados. Y mientras tanto, yo, buscando ideas en viejos cuadernos que creía perdidos.

Celebrate good times

Rodolfo tenía que preparar un festejo porque cumplía treinta años, con la desgracia de que el día de su cumpleaños caía un lunes. Pensó en hacer algo sencillo el domingo por la noche, un poco de música para bailar, la familia y los amigos cercanos, pero recordó que detestaba bailar. Entonces se dio cuenta de que podía hacer un té, de domingo por la tarde. Enseguida se sintió una señora grande de Barrio Norte, que se junta con sus amigas a recordar épocas gloriosas del cine nacional. Entonces fue hasta la perfumería y compró un juego de ruleros.

Time is on my side

No se si lo habrán transitado a la velocidad que lo hice yo (con cambio de trabajo, exámenes, blogs y etcéteras varios) pero ya pasaron treinta días desde que les conté que empezaba junio. Ya estamos en Julio, el mes invernal por excelencia. La primera mitad del año llegó a su fin y ahora los días irán alargándose indefectíblemente. No durmamos en los laureles (sobre todo porque son incómodos) porque a este ritmo, en cinco minutos vamos a estar con las copas en la mano y preguntándonos por qué no comemos Vithel Toné más seguido.